• antoniaportalo

EMIGRANTE, Miradas desde mi interior


Pasaba mayo y el pueblo comenzaba de nuevo a decolorarse, las apasionadas amapolas que hasta entonces habían pintado sus campos de un un rojo intenso, iban dejando espacio a los verdosos y cada vez más ocres, que llegaban con el inicio del verano.


El calor sofocante desertizaba los campos, y las calles se volvían aún más blancas y solitarias. La mayor parte del día eran intransitables, solo algún valiente se atrevía a subir desde "el lejío" hasta la carretera motivado por los numerosos bares que allí se situaban. Aunque en ocasiones su aventura acababa en el bar de Román o Casiano, a mitad de camino.


La carretera atraviesa por un extremo el pueblo, a lo lejos se divisan unos cipreses que rodean al solitario cementerio.

Continuando el camino de tierra se llega a la laguna, una pequeña charca a las afueras, donde pasábamos el tiempo muchas tardes del verano.


Agosto regresaba de nuevo cargado de viajeros, proyectos y nuevas ilusiones.


El solitario pueblo volvía a bullir, los hijos que marcharon regresaban cada año a su regazo, impacientes por reencontrarse con los familiares y amigos que aún permanecían en él.

Por aquel entonces, el número de habitantes podía duplicarse en estas fechas. Enormes autobuses paraban en la plaza a diario.

El tiempo me hizo comprender con tristeza por qué se fueron, por qué marcharon de su hogar, y se separaron de su gente.

No fue fácil adaptarse a nuevos países, nuevas ciudades, nuevas culturas.


Al hablar tu voz fue silenciada, tus palabras incomprendidas, tu acento burlado.


Solo, perdido en patera errante, buscaste un futuro para tus hijos y un poco de comprensión.


Buscaste un mendrugo de pan para saciarte, dónde encontrar cobijo, y un pedazo de tierra en el que instalarte.


No fue fácil, no, nada fácil. Pero el tiempo te adaptó.


Una madre sufre allá a lo lejos implorándote perdón, y quisiera poder decirte:

-¡Regresa pronto mi niño!, pero enmudece su voz.

Anhelo de nuevo acogerte en mi regazo, no me olvides, vente a verme, por favor!


Un grito desgarra el alma, las olas lo empujan enfurecidas hacia oídos sordos. Palabras necias y vanas, cargadas de nada. Impasibilidad teñida de dolor y muerte.

Y mientras tanto el mundo gira, y dicen, progresa...



Miradas desde mi interior


Pintando Palabras

Portalo





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© 2019 por Antonia Portalo Sánchez

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