© 2019 por Antonia Portalo Sánchez

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lujuria

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@ Antonia Portalo Sánchez

La lujuria se define como el ansia desordenada del placer carnal, pero no en  todas las culturas se contemplaba como pecado. 

 

El dios Dionisio era venerado con orgías. La actitud que tomaban los romanos con el sexo era parecida a la actual, no era tabú. Pompeya demuestra en sus frescos el disfrute de la sexualidad. Venus como diosa del amor. Sin embargo, en la religión Judeocristiana no existe la celebración de la sexualidad por parte de dioses y diosas.


Los diez mandamientos prohíben los pensamientos y actos impuros. Tan solo el deseo sexual es pecado. Mirar con lujuria debe ser condenado irremediablemente  con el fuego eterno del infierno.


Es Dante, en su obra La Divina Comedia, quien extiende la idea de cómo debe ser el infierno, los círculos infernales y los castigos impuestos por cada pecado proceden de su libro.

 

Él se pierde en un oscuro bosque, se encuentra con el poeta Virgilio que le guía por el infierno. Describe los nueve círculos del purgatorio. El segundo está destinado a los condenados por el pecado de lujuria. Estos son lanzados por el aire y abrasados, las llamas consumen a los lujuriosos.


Los pecados capitales han condicionado el comportamiento de la sociedad, son un código de valores a seguir.


El papa Gregorio Magno declaró que los sacerdotes tenían que ser célibes, la sexualidad solo era permitida con el fin de la reproducción. La lujuria se castigaba muy duramente. A veces eran necesarios exorcismos para acabar con el demonio Asmodeus.


Pero lo cierto es que la lujuria tiene más relación con la ciencia, con la biología, que   con la religión.  Son rasgos del carácter humano, son instintos primarios, es una motivación.


El ser humano al igual que la mayoría de los animales muestra interés por otras parejas. En el caso de los machos con varias hembras, consiguen dar más descendientes, una ventaja evolutiva. Y las hembras consiguen con varios machos mejor material genético.


El hombre es un ser racional y debe decidir lo más conveniente para su vida. Lo condenable es llevar nuestros impulsos demasiado lejos, incluso convirtiendo los instintos en actos delictivos.


Se desencadena una batalla dentro de cada alma. La  calidad de vida dependerá de las decisiones que tomemos en cada momento.
 

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